Siempre hay un camino. Yo lo encontré cuando menos lo esperaba — y estoy aquí para mostrártelo, si tú también lo quieres.”
Me llamo Mauricio. Durante más de veinte años tuve una agencia de marketing, empleados, grandes grupos como clientes — lo que muchos llaman éxito.
Sin embargo, cuando llegó la pandemia en 2020, en menos de dos semanas me cancelaron todos los contratos, perdiendo casi todo; me quedé sin clientes, sin ingresos y sin poder salir de casa.
Y para rematar, ese mismo año, en unos meses el estrés, la depresión y la incertidumbre me pasaron la factura: me dio un infarto que derivó en cuatro cirugías, tres de ellas a corazón abierto.
Me cambiaron la válvula por una mecánica, una prótesis en lugar de la aorta ascendente, un bypass en la aorta descendente y me reemplazaron dos arterias del corazón con venas de mis piernas, que tuvieron que abrir de la rodilla a la ingle en cada pierna. Además encontraron la cicatriz de un pequeño infarto que ni yo sabía que me había dado, posiblemente un par de años atrás. El costo: más de 3.4 millones de pesos.
Me dieron de alta parcial casi un año después de mi última cirugía. Solo con deudas, sin poder caminar bien, apoyándome con un bastón, sin negocio ni poder trabajar. Con mi hija pequeña que me necesitaba presente. Completamente en cero.
Durante mi convalecencia — la etapa intermedia de mi recuperación, ya en casa, postrado en mi cama, verdaderamente frustrado y muy preocupado por no saber qué pasaría con mi vida y todavía con miedo de no poder salir adelante — viendo en el celular mi Instagram o TikTok, me apareció un video de una persona que había pasado por muchas dificultades de salud y de cómo unos suplementos de tecnología epigenética le habían ayudado a recuperarse y salir adelante.
Eran suplementos diseñados para reactivar la expresión genética de tu cuerpo, de tus propias células, desde adentro. Lo escuché con escepticismo, pero algo me decía que no perdía nada con intentarlo — después de todo, estaba postrado en mi cama sin poder hacer nada. Así que le dije que me los enviara.
Y entonces algo cambió: mi energía volvió antes de lo que los médicos esperaban, y la depresión que me aplastaba empezó a ceder.
No lo digo como publicidad. Lo digo porque fue la parte real de cómo volví a levantarme cuando mi cuerpo y mi mente estaban en el piso.
Eso fue justo lo que pasó: encontré a alguien contando su historia, alguien como tú o como yo, y algo dentro de mí dijo quiero eso. En ese momento cambió la dirección de mi vida.
UCI, Ciudad de México — conectado a todo, pero con el pulgar arriba.
Posoperatorio. La realidad de sobrevivir tres cirugías a corazón abierto.