Siempre hay un camino. Yo lo encontré cuando menos lo esperaba — y estoy aquí para mostrártelo."
Me llamo Mauricio. Durante más de 15 años tuve una agencia de marketing, empleados, grandes clientes — lo que muchos llaman éxito.
Sin embargo, cuando llegó la pandemia en el 2020, de la noche a la mañana perdí casi todo. Sin clientes. Sin ingresos. Sin poder salir de casa.
Y para rematar, ese mismo año el estrés y la incertidumbre me pasaron la factura: un segundo infarto que derivó en cuatro cirugías en total. Tres de ellas a corazón abierto.
Me cambiaron la válvula por una mecánica, una prótesis en lugar de la aorta ascendente, un bypass en la aorta descendente y me reemplazaron dos arterias del corazón con venas de mis piernas. El costo: más de 3.4 millones de pesos.
Me dieron de alta parcial un año después de mi última cirugía. Solo con deudas, sin poder caminar bien, apoyándome con un bastón. Con mi hija que me necesitaba presente. Completamente en cero.
Durante mi convalecencia — la etapa intermedia de mi recuperación, ya en casa, postrado en mi cama, verdaderamente frustrado y muy preocupado por no saber qué pasaría con mi vida y todavía con miedo de no poder salir adelante — viendo mi Instagram, me apareció un video de una persona que había pasado por muchas dificultades de salud y de cómo unos suplementos de Tecnología Epigenética le habían ayudado a recuperarse y salir adelante.
Eran suplementos diseñados para reactivar la expresión genética de tu cuerpo, de tus propias células, desde adentro. Lo escuché con escepticismo, pero algo me decía que no perdía nada con intentar — después de todo, estaba postrado en mi cama sin poder hacer nada. Así que le dije que me los enviara. Y entonces algo cambió: mi energía volvió antes de lo que los médicos esperaban, y la depresión que me aplastaba empezó a ceder.
No lo digo como publicidad. Lo digo porque fue parte real de cómo volví a levantarme cuando mi cuerpo y mi mente estaban en el piso.
Eso fue justo lo que pasó: encontré a alguien contando su historia, alguien como tú o como yo, y algo dentro de mí dijo quiero eso. En ese momento cambió la dirección de mi vida.
Por eso estoy aquí — porque sé exactamente cómo se siente cuando el piso bajo tus pies desaparece. Y sé que también se puede volver a levantar.
UCI, Ciudad de México — conectado a todo, pero con el pulgar arriba.
Post-operatorio. La realidad de sobrevivir tres cirugías a corazón abierto.